jueves, 12 de febrero de 2009
El precio del dinero.
-Querré respaldar lo que se respalde por sí mismo.
-Entonces ¿el chuletón? Y para beber les sugiero -abrió la carta de vinos para mostrársela.
-El peor que tengan.
-En esta casa no servimos malos productos. - Le respondió a la señora, bastante afectado.
-Ha dicho el peor que tengan. Algo tendrá.
-Entendí a la señora, pero entenderá que con un mal vino le sabrá peor la comida.
-No te preocupes por mis decisiones y haz caso a tu clienta.
-Sí señora, lo siento. Ahora se lo traigo.
-Si los tuviese bien puestos nos serviría el mejor vino.
Su marido la miró perspicaz y sonrió.
-Pues por respaldar entiende medio kilo de carne asada con patatas precongeladas. Mira aquello.
-Una copita por aquí. -Susurraba como para sí mismo mientras situaba una copa frente a la otra. Vertió unos meros mililitros en la copa del caballero.
-Está bien, gracias.
-Como usted mande, caballero. -Llenó las dos copas hasta casi la mitad.
-¿Cariño?
-Nos alabamos. No vamos a pagar por un cinco tenedores con este servicio.
-Ya te dije...
-Donde siempre.
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