miércoles, 22 de abril de 2009
Llenando líneas
Tenía casi cubierta de líneas la hoja de su dibujo. Mientras sus compañeros completaban la hoja dibujando líneas una inmediatamente después de la otra siguiendo las marcas, ella situaba la regla y tiraba la línea sin seguir orden alguno.
Marcas cada dos milímetros en la horizontal. Y cuando terminasen les tocaría completar otra hoja de líneas perpendiculares a los bordes. Y después de aquella hoja les esperaban otras tantas con más ejercicios para aprender a usar apropiadamente la escuadra y el cartabón.
Cada recta era más absurda que la anterior. Las dibujase en orden o no el absurdo de la tarea empezaba a marearle. El raro entretenimiento del salto de marca veía su fin en una única posibilidad, la penúltima en dos, la anterior en tres. Y si quedaban junto a otras se vestían de orden. Las demás eran una mera cuestión de tiempo.
A cada tantas líneas soltaba las reglas y el lapicero y flexionaba los dedos para desentumecerlos. Se estiraba con el respaldo de la silla para relajar los hombros. Y de nuevo a adoptar la postura de tirar líneas.
No estaba soñando, no era una pesadilla de la que pudiera despertarse y ya. Escuchaba música con la mente en blanco mientras tiraba líneas. La mecánica de la tarea se le grababa en los músculos. Un ejercicio paulatino, simplificado e inmediato y no necesitaba pensar en el orden en que proceder. Su tarea era la de rellenar el hueco, como todos los demás.
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