-¿Por qué siempre que tengo frío me ofreces tu abrigo?
-Tienes frío, yo no. Es lo que tengo.
-Sólo digo que tengo frío, no te he pedido nada.
-Podría ofrecerte calor físico. Y un corazón frío.
-No te he pedido nada.
-Yo te puedo ofrecer mi abrigo.
-Y no lo quiero.
-¿Entonces nos vamos?
-Ponte el abrigo, anda.