viernes, 13 de marzo de 2009
Miles de noches
Una noche como hoy me suicidaría. No tiene porqué tener sentido, es solo eso. Todo desaparece cuando está ausente, todo se olvida. Apagas la luz y ya está.
Los libros sólo contienen líneas acabadas. Si quieres te paras a pensar en lo que has pasado, recapitulas. Las excusas son infinitas, a todo vale una excusa para mantener esas líneas a flote. Pero lo piensas en serio, sin conceder nada, y concluyes que no hay nada terminado. Repasar líneas no te vuelve a llenar de la misma forma. En el fondo sabes que nunca lo hará.
Te frustras, la primera vez y puede que alguna más. En adelante deseas que lo desconocido te traiga algún secreto que te mantenga despierto. La esperanza en la incertidumbre que nunca está ni deja de estar. Sobra decir: no existe. Lo imaginas igual que todo lo demás.
El mundo de la mente es tan nimio. Avergüenza mencionarlo como algo importante. Esperanzas que no existen, a eso se reduce la mente. A eso y a que la memoria nos engañe con los recuerdos de sensaciones imaginadas. Las importantes son las verdaderas sensaciones, que no se recuerdan de verdad. Y a oscuras; sin luz, sonido o tacto toda sensación es imaginada.
Siempre es igual, una y otra vez lo mismo. Supón que también sientes el olvido al no recordar a la mente. Así, apagando la luz te recoges sin ideas, sabes que cualquier anhelo no pasará de ser imaginado y las sensaciones te quedan tan lejos.
Me cansé de los anhelos, siempre míos y siempre iguales. Carente de todo contacto, piensas siempre en lo mismo, quieres hallar algún estímulo. Que haya algo de verdad.
Una noche como hoy me suicidaría.
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