sábado, 4 de abril de 2009
Historias 2: Erasmo en Yetilandia (definitivo)
La miró al volver.
-Señorita ¿sabe decir lameculos? - Susurró a su lado, sin levantar la vista del libro. Luego miró al libro de ella. - Y, Uchi, no le digas esas cosas que se va a poner burrote.
-Shh - No estaba de humor.
-Este libro es un petardo victoriano. Así se lo metiera por el c-
-Shhh. - Persistió. Mientras, intentaba seguir la lectura.
-Mira esto: "A nuestro Padre, a mi querida mujer y niñas; y a mis alumnos." - Leyó Erasmo en la dedicatoria del libro, preocupándose de que el Yeti no se diera cuenta. - Si también odia a su familia.
Recibió un codazo; aunque esta vez Graciela, cuanto menos, sonreía. Se giró para contarle la coña al de detrás. Es que lo había clavado, Don José Manuel lo merecía.
-¡Erasmo! Deje ya de interrumpir. Va a seguir la clase desde el pasillo.
Se levantó, moviéndose con parsimonia. Oía a sus espaldas cómo más de uno se reía y a alguien hacer comentarios jocosos, "de carpón, chaval, que pardillo".
-Con el libro. - Recalcó el profesor.
Tuvo que volverse, con las mismas prisas; para acabar encontrándose a Graciela sonriéndole con una expresión de "ya te lo dije" que no acababa de cuajar. Por aquella sonrisilla.
-Si en menos de treinta segundos no has salido por esa puerta toda la clase se quedará a recuperar media hora más, ¿me has entendido? - El descontento generalizado se percibió de inmediato. Era la última hora, quedaban diez minutos escasos de clase y no les quedaban fuerzas o ganas para soportar al Yeti ni el tiempo obligatorio. Sobre todo por cuestión de ganas.
Erasmo se cambió el libro para lanzar con la zurda, "por la ventana". Nah, no le convencía. Se iba a ir, y al pasar al lado de la papelera lo dejó caer dentro.
-Recoja el libro y salga al pasillo ¡ahora mismo! - Veía incrédulo cómo su alumno se iba a ir del aula, impávido, sin hacerle el menor caso. Abría la puerta. - ¡He dicho que recojas mi libro!
-Te lo quedas. - Miró con asco a la papelera, "donde debe estar" pensaba; y cerró la puerta tras salir.
Don José Manuel resoplaba, no podía creerselo, la cara ardiendo de furia, salió del aula dando un portazo y gritando. Los otros alumnos se quedaron quietos, en sus sitios, mirándose. -¡¿Quién te crees que eres para tirar mi libro delante de un profesor?! - Al poco tiempo los gritos del pasillo se oían lejanos, fundiéndose con el ruido habitual. Y a pesar de eso en la clase aún respiraban un aire tenso. Pero según pasaban los minutos y se acercaba la hora de irse se pusieron a guardar las cosas en las mochilas, una vez sonase el timbre se largarían y no podrían ponerles toneladas de deberes para el fin de semana. Unos minutos más y ni Graciela se preocuparía por haberse ido sin que hubiera regresado el profesor.
Ya iban más de diez minutos desde el timbre. Se veía a Erasmo saliendo por la puerta del instituto con las manos en los bolsillos. Buscando con la mirada a sus amigos, que le estaban esperando.
-¿Ya estabas haciendo manitas con Graciela? ¿Te querías quedar hasta el lunes o qué?
-El Jamu, que estaba dando por culo. - Interrupió. Hablaba fuerte, fastidiado. Al entrar en clase no había encontrado su mochila y nadie sabía quién se la había llevado. Por no mencionar que Don José Manuel le había estado acosando y gritando por lo menos media hora; y que estaba hasta las narices de que le emparejaran con Graciela.
-¿El de los gritos a última?
-¿Ese qué da?
-El Yeti, que no te enteras Paquete.
-Chilla como un puto cerdo el...
-Hostia, es cierto. - Ni se enteró del insulto.
-¿Y para cuánto te echan?
-La directora no estaba. La subdirectora tenía hambre y le ha mandado a tomar por culo. - Ninguno caía. Intervino antes de que los demás empezasen con sus chorradas. - Que no me echan, me he librado. - Ahora sí empezó a recibir las palmadas en la espalda y los vítores.
-Pues toma, petaculos. - Graciela dejó caer la mochila de Erasmo según pasaba.
-¡Eh!, que no te he hecho nada. - Si verse llamado "petaculos" sonaba del todo antinatural, más aún viniendo de Graciela.
-Pues dame las gracias pinchamonas.
-Niquelada tío, lo ha clavado. - Graciela se giró, riéndose. El que lo había dicho también; y sonreía al sonrojarse. Un tercero se mezcló al ver que la chica ya estaba lejos, apoyándose en Erasmo.
-Amos, tío, tíratela en la fiesta o me la tiro yo. - La inminente lluvia de collejas le sacó del centro del grupo.
-No os lo había dicho antes pero Graciela antes era un tío.
-¿Qué? Pero si parece una tía completamente. - La idea le ofendía. A él sí le llovieron collejas.
-Fran, tu madre nos dijo que no te lo contáramos. Lo siento, tu abuela Paca murió ayer.
-¡¿Qué?! - La sorpresa le fulminó pero las risas le devolvieron a la realidad. - Gilipollas, en mi familia no hay Pacas. Y es de mal gusto, joder.
-Fran, tío. - Intervino Erasmo, apoyándose en su hombro.
-¿Eh? - El tono de Amos le había dejado desprevenido.
-Nunca has pillado el chiste del gato.
-¡Ah, hijo de puta! ¡Sueltame cabrón! ¡Mi cabeza!
-Bueno chavales, con esto y un bizcocho...
-Te den a ti. - Se le adelantó más de uno. - ¡En el Averno!
-No hombre, con esto y un bizcocho... - Pensaba mientras se alejaba. - Ojalá la comida esté lista. Aunque sean judías verdes. Que mierda de día. - Cuando miró hacia atrás vio a sus amigos dispersados, cada uno yendo en su dirección. - Que no sea verdura, por favor.
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Notas de un Bypass
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2 comentarios:
Pues si es mejorable no podrá ser definitivo.
ya te dije lo que le pasaba, fui yo el que puse mejorable
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