lunes, 1 de junio de 2009
Titulo poetico de las cosas que no son
A lo largo de mis días, de mi corta vida, he venido a darme cuenta de otra de esas cosas de las que uno se va dando cuenta día a día. Qué sencillo resulta definir una idea con una palabra y quedarse ahí. Seguro que lo he pensado más de una vez y, más aún, estoy seguro de que ya he querido tratar el tema tantas veces...
Hay un matiz que siempre se me ha escapado. Eso es lo que creo ahora, de esto se trata: No es un bombardeo continuo e indiscriminado de palabras fijadas. Se trata de un momento, algún lugar, una noción que se cree entender. Ves, lees, asocias, oyes y aceptas sin querer. Para cuando lo estás usando ya lo es. La idea que antes no existía o resultaba tan rara queda imbuida en la palabra y no carece de lógica, es que no la necesita.
Expresiones, partidos políticos o colores políticos, gestos. Cada sociedad, cada grupo es grupo, sociedad, bloque por esas nociones en común que les lleva a usar los mismos nombres. Donde las verdaderas diferencias existen en el orden de los recursos. No es justa la comparación de la dieta mediterránea con el color con que se pintaban las casas de la costa allá por los años cincuenta, por ejemplo.
Se emborrona la fina línea que separa la funcionalidad de la intencionalidad. La funcionalidad se busca, la intencionalidad se expresa. Si alguien quiere que su casa de alegría la acomoda con un mobiliario que reúna todo lo necesario y planta un jardín a la entrada. Nadie pintaría su casa de múltiples colores en un brote de alegría y reciclaría muebles roídos por motivos poéticos. Al menos no mientras pretenda concebir alegría.
Como los detalles, que sólo existen como detalles en el momento en que los captas. Los detalles son los retazos de la realidad, la firma de autenticidad de la verdad. Van más allá de toda duda porque responden a preguntas que no hace falta formular. Incluso cuando tienes la pregunta no se cortan al responder, estaban antes que tú y saben mucho más que tú. Los detalles no son poéticos ni caritativos.
Con toda amargura añado que los detalles siguen siendo alegres. Encontrar algo que no buscas, descubrir algo que no esperabas, razonar lo que predecías que sólo podía ser. Que te quiten la razón de la obviedad por tener un punto de vista distinto y ninguno saber ponderar el origen de los detalles. Lo difícil que es vivirlos y aún más hacer que los vivan. Imaginar con detalle la palabra adecuada para distinguirlos. Apreciar y ver los procesos que los crean sin haber esperado su existencia, prediciendo por especie luego encontrando la diferencia.
El dilema del elemento intermedio en las dualidades es sólo una idea. Las ideas vienen de las ideas que tiene sentido común. La lógica es tan infalible como lejanos son los extremos que la representan. Es un problema interno. Damos lo que conocemos a lo que encontramos, finalmente lo que encontramos cambia lo que conocemos. Todo un misterio.
Pensar en el fin, no abrazar la incertidumbre y sentir el miedo, recordar la vez que te sentiste bloqueado. Si los acontecimientos son amables se vive por un milagro, todo un detalle.
Si no encuentras el nombre de algo para que te llene la distancia la llenas tú. No hay lógica real, existe una necesidad de asimilar lo que es nuevo o de rechazarlo. Con la violencia en el extremo de superponer lo que ya se tiene.
Violencia no es un término que use quien la practica. Y para quien la sufre no es una noción sino una idea. Sexo es un término aceptado por ser conocido pero sólo inventado por quienes no lo practican. Son nociones que representan unos pocos detalles comunes y fáciles.
Palabras que no hablan del acto valoran imágenes para las que no proveerían ni dos palabras. Nombres, expresiones, fórmulas, oraciones, nociones, imágenes. Todo relaciones, conciencia y memoria.
Personalmente prefiero pensar sin palabras. No es lo mismo que comunicarse con gestos o dibujar de memoria. Se parece más a recordar con libertad, como soñar despierto. Ir de una parte a otra de la memoria sólo dependiendo de en qué detalles se fija la atención. Un viaje fascinante superior al olvido. Con palabras, pensar lo mismo dos veces de formas distintas pero similares creando constancia. Pensar en escribir y escribir requiere una infinidad de palabras. Pensar en vivir y vivir requiere una infinidad de acciones. No se entiende igual mover una mano sobre una hoja de papel que hacer lo mismo dejando marcas comprensibles. Al contrario que las palabras, las acciones quedan pero son más complicadas de revisar. El detalle es la aplicación.
Desear la paz, hacer la guerra. Sus significados son antagónicos, al contrario que la forma de lograrlos. Se dice que la guerra, que también la disputa y la incomprensión, es el preludio del caos y el caos sí es lo contrario de la paz. Los tópicos, otras palabras comunes, también son como la paz y el caos. Nombres para resultados, les falta acción, carecen de experiencia. Su detalle es un punto negro de más de dos páginas de extensión. Sexo es un cartel. Paz es un cartel. Guerra es un cartel. Violencia es un cartel. Vida, otro cartel. Y sus detalles enciclopedias a pie de página.
Pienso en una ciudad llena de carteles. Restaurante aquí, Metro, coche, comida, stop o el nombre de alguna multinacional. El mundo en el que hagas lo que hagas haces lo que se te exige, perdido en la inmensidad de la nada un cartel es un refugio que crees que sabes lo que te da. La grandeza de "ciudad" está en su alcantarillado, donde las sensaciones priman sobre los carteles. La verdadera seguridad está en sentir sin abrumarse. Recrear la vida de las personas que caminan sobre carteles es la única noción de vida permitida en la ciudad.
Los retales perdidos de la tecnología. Trastos artificiales explicados por su inutilidad y pedazos de homogeneidad que se vuelven detalles con el tiempo. Movimientos definidos que obligan a la transición y con ello a perder tiempo en aras de la economía porque el dinero es tiempo. Las personas, las desconocidas del mundo, van después de todo. Y se joden porque pueden adaptarse.
Humanidad, elemento en torno al cual giran todas las ideas de este mundo, es el peor cartel. El más grande de todos los carteles, engloba los pies de página tras un cristal deforme pero bonito. El gran mito simpático que sostiene las filosofías. Y los sentidos, el desconocimiento, el vacío de antes de sentir lo preceden. Amor, amistad, pérdida y otras tantas relaciones que nos atan. Quien no las ha experimentado jamás no puede ver la humanidad, porque haré cosas de las que pienso arrepentirme. Humanidad se adapta, se arrastra tras el conjunto y se esconde del solitario. Hay que experimentarlo para entenderlo igual que hay que caerse para que el culo duela.
También me burlo de mí mismo, que soy el personaje de este papel. Mi lugar podría rellenarse con cualquier tópico, mi postura travestirse de sencilla reticencia. Darme un baño de agua fría por las malas, advertirme, mandarme callar o hasta alabarme. Disfrazarme de payaso y oculto tras el traje de color darme otro nombre. Transformarme en mujer, hacerme perezosamente indomable, darme una sonrisa e imponerme unas cuantas quejas. Un encanto inocente y curioso que no llega a desconfiar. Darme unos sueños y un nombre como Celia. O podría permitirme ser mi blanco y negro original.
Rehuyo el nombre como nombre, como distinción lo uso y las reglas para jugar a la vida las acato. De ahí me viene que la memoria pueda ser de fiar y se le puedan reconocer jalones. Lo que se repite guarda en sí su inherencia tal como el deseo aguarda al caos. Saltarse la capacidad de producción con favores rompiendo el equilibrio. A conciencia se roba. Resulta un desgaste de recursos y tiempo y el engaño personal. Como con los carteles; si no se aprecia el proceso el vacío que se crea entre las acciones y sus reacciones nos cambia la actitud. De la propia naturaleza se refina el carácter, la actitud se aprende tomando parte en las acciones de otras personas y de ahí sumando otras actitudes. El proceso adecuado, la memoria, saberse las propias respuestas y aplicar a cada noción e idea su término con sustancia.
La concisión con que uno se acomoda a las previsiones es la que marca su ritmo. Este personaje quiere vivir del detallísimo.
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