domingo, 27 de diciembre de 2009

Gamberro (hijo de puta)

-Sé lo que estás pensando. Por eso no deberías decirlo. -¿Porque sabes lo que estoy pensando? -No. Porque sé lo que estás pensando.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Curvas de emoción

Es confortable, algo tuyo, la más agradable compañía. Si intentan cabrearte sigue ahí. Es la poca inflexibilidad que no cuesta mantener: la decepción. Te muestren lo que te muestren sigues ahí y ahí no te afectan. Y lo siguiente es que consigan robártela, no es algo que vayas a echar de menos. Porque no la echarías de menos. El mejor estado de ánimo, el más cómodo. Sólo puedes ganar o seguir siendo invencible. Pues ganar es ganar, sentirse invencible siempre resulta en algo nuevo, inigualable, inevitable. Te acompaña más allá de tu hartazgo. Ve allí desgraciado y no quieras despertar nunca de esa pesadilla. Es más; es una de las pocas cosas serias que no se pueden hacer en serio, es magia. Es más, ese estado de olvido inmaculado que sabe mancharse con la más mínima duda y dejarte pensar.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Las luciérnagas buscan luz

-¿Por qué siempre que tengo frío me ofreces tu abrigo? -Tienes frío, yo no. Es lo que tengo. -Sólo digo que tengo frío, no te he pedido nada. -Podría ofrecerte calor físico. Y un corazón frío. -No te he pedido nada. -Yo te puedo ofrecer mi abrigo. -Y no lo quiero. -¿Entonces nos vamos? -Ponte el abrigo, anda.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Para una persona, o dos.

-¿Cómo te definirías? -Crítico. Aunque tendrías que conocerme para saber cuál es mi parte definida y cuál no.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Nylea y Frank, primer encuentro.

"-Entona bien. Sabe cantar, pero es que canta de oido y pronuncia como el culo. Se le nota mucho que se le va la voz cuando no va a llegar. No, pero porque no sabe entender lo que canta se deja las cosas a medias. Copia la voz del cantante y entonces pone la suya. Y no vale más que para cantar pop. -Me lo dirás a mí, que le aguanto en los ensayos. -Es un poco... canta para sí mismo. En la canción esta cuando levantaba los brazos parecía que le habían metido un palo por el culo. ¿Es siempre tan chulo y tan vanidoso? -Pensaba que todos los bateras eran atontados que sólo saben hacer ruido. Pero tu vas y lo has clavado. -Y sólo le he oido dos canciones. Imagina lo que podría hacer contigo ahora." Nylea, Rockera. Tiene cerebro 6 y cuerpo 9, a nadie le importa que su voz sea una mierda. Cuando se sube al escenario todo lo que importa es que baile. Frank, Rockero. Aún se está abriendo paso a la fama en el RockFlask de Night City.

domingo, 25 de octubre de 2009

Aflora amor

La sangre sobre la nieve es más roja. Mi novia tiene manos de escritor. Siempre he creído que las chicas más guapas eran las que más se preocupaban por los demás. Estábamos paseando la noche de año nuevo y empezamos a oír maullidos. Al girarnos, un gato que nos perseguía. Mi novia me soltó la mano y cogió a la gatita, que cojeaba ¿Nos lo llevamos? Dijo. Yo la acaricié. Le había comprado un Terrier para regalarle en Reyes. Al abrir el regalo se quedó inmóvil. Cerró la caja y se largó sin decir nada. Al rato volvió radiante. No podía dejar de mirarla mientras jugaba con el perrito. Atónito veía al animal lamerle maquillaje y sangre.

Delincuentes con K

La sangre sobre la nieve es más roja. Se rumorea que en los países del norte; en sus bajos fondos, imagino, se justifica así el asesinato. Como el arte que les dota de cierta calidez, allí en aquel clima. Nosotros pintamos de rojo una capa para teñir un ruedo, ¿eso en qué clase de animales les convierte a ellos? Me pregunto esto porque en mi último caso vine a dar con una anciana a la que le habían machacado el cráneo de tal manera... Quedó así, irreconocible. El novio de su nieta, que es un farlopero, quería que repartiera la herencia lo antes posible. El padre del chaval le dio unas cuantas palizas a lo largo de su vida por robar; y claro. Ese es el país que construyó mi generación ¿Por qué coño me haría policía si resulta que robar es peor que matar y matar es casi un arte?

sábado, 10 de octubre de 2009

Doctores: Doctor

La sangre sobre la nieve es más roja. Metiendo sus dedos afilados en las hoquedades, una y otra vez. Uñas recortadas a dos milímetros, las manos cubiertas de cayos hasta las muñecas. Unas garras que desprendían tal hedor a carroña y eran tan negras que tan sólo en momentos como aquel, lavadas en sangre helada, podían imaginarse pertenecientes a aquel señor. El Cirujano era un hombre espigado, risueño y siempre educado a la mesa.

martes, 4 de agosto de 2009

Porque me hablo de ti

Somos humanos y, lejos de lo que otros argumentos nos sugieran, nuestra visión del mundo es muy limitada. Podemos intentar captar lo que no vemos, suponer lo que no hemos vivido leyendo en las señas que los acontecimientos dejan atrás. Negarnos a aceptar lo que nos ocurre, tergiversando la memoria hablando de una impresión y viéndola reforzada cuando la persona a la que se lo hemos contado la da por buena y la avala con su opinión. Lejos de esas escenas de frivolidad se encuentra la comunicación verdadera entre personas. Cuando, por ejemplo, pensamos en aquel amigo y en las actividades que se tienen pendientes, sin saber el porqué sabemos que la otra persona lo ha debido pensar, a lo que nos anteponemos obligándonos a no mencionarlo. De tantas vueltas que le hemos dado a eso en lo que coincidíamos ya no sabemos dónde empezó y no podemos descubrirlo porque evitamos el tema. El valor de la comunicación directa, sin repensar y arrastrándonos en la ola de ideas, no estancándonos en los conceptos escritos. Es una conversación oral la que devuelve todos esos significados perdidos en el miedo. Porque dos personas cercanas no pueden pensar de forma discordante; y aunque su construcción de la situación y sus miedos se mezclen de modos distintos jamás podrán traicionarse demasiado.

domingo, 19 de julio de 2009

Ingenuo Artista

Se aproxima el momento que codiciaba. Vehemente, lo atrapa todo. Se apodera de cada experiencia enjaulándolas a su son. Celoso y efusivo. Amarra la imaginación y, en su silencio evanescente a toda razón, rescata en el enfermo la realidad.

miércoles, 10 de junio de 2009

Viajar en foto

-Quiero un objetivo inalcanzable. - Le comenté. -¿Para envolver? No le supe responder. La señora se dio cuenta de que vacilaba. Disimulaba su sonrisa al darme su decisión. -Con este billete intenta llegar hoy a ese lugar. -Parece una isla tropical, con tanta palmera ¿Y el mar? ¿Dónde es? -Es mi ciudad y está aquí en España. Cuando bajó del tren me quedé pensando en sus palabras. La foto no era de postal pero sí era un lugar maravilloso. El billete era idéntico al mío. ¡Tarde!, me exclamó la cabeza. Y olvidé lo que había perdido.

lunes, 1 de junio de 2009

Titulo poetico de las cosas que no son

A lo largo de mis días, de mi corta vida, he venido a darme cuenta de otra de esas cosas de las que uno se va dando cuenta día a día. Qué sencillo resulta definir una idea con una palabra y quedarse ahí. Seguro que lo he pensado más de una vez y, más aún, estoy seguro de que ya he querido tratar el tema tantas veces... Hay un matiz que siempre se me ha escapado. Eso es lo que creo ahora, de esto se trata: No es un bombardeo continuo e indiscriminado de palabras fijadas. Se trata de un momento, algún lugar, una noción que se cree entender. Ves, lees, asocias, oyes y aceptas sin querer. Para cuando lo estás usando ya lo es. La idea que antes no existía o resultaba tan rara queda imbuida en la palabra y no carece de lógica, es que no la necesita. Expresiones, partidos políticos o colores políticos, gestos. Cada sociedad, cada grupo es grupo, sociedad, bloque por esas nociones en común que les lleva a usar los mismos nombres. Donde las verdaderas diferencias existen en el orden de los recursos. No es justa la comparación de la dieta mediterránea con el color con que se pintaban las casas de la costa allá por los años cincuenta, por ejemplo. Se emborrona la fina línea que separa la funcionalidad de la intencionalidad. La funcionalidad se busca, la intencionalidad se expresa. Si alguien quiere que su casa de alegría la acomoda con un mobiliario que reúna todo lo necesario y planta un jardín a la entrada. Nadie pintaría su casa de múltiples colores en un brote de alegría y reciclaría muebles roídos por motivos poéticos. Al menos no mientras pretenda concebir alegría. Como los detalles, que sólo existen como detalles en el momento en que los captas. Los detalles son los retazos de la realidad, la firma de autenticidad de la verdad. Van más allá de toda duda porque responden a preguntas que no hace falta formular. Incluso cuando tienes la pregunta no se cortan al responder, estaban antes que tú y saben mucho más que tú. Los detalles no son poéticos ni caritativos. Con toda amargura añado que los detalles siguen siendo alegres. Encontrar algo que no buscas, descubrir algo que no esperabas, razonar lo que predecías que sólo podía ser. Que te quiten la razón de la obviedad por tener un punto de vista distinto y ninguno saber ponderar el origen de los detalles. Lo difícil que es vivirlos y aún más hacer que los vivan. Imaginar con detalle la palabra adecuada para distinguirlos. Apreciar y ver los procesos que los crean sin haber esperado su existencia, prediciendo por especie luego encontrando la diferencia. El dilema del elemento intermedio en las dualidades es sólo una idea. Las ideas vienen de las ideas que tiene sentido común. La lógica es tan infalible como lejanos son los extremos que la representan. Es un problema interno. Damos lo que conocemos a lo que encontramos, finalmente lo que encontramos cambia lo que conocemos. Todo un misterio. Pensar en el fin, no abrazar la incertidumbre y sentir el miedo, recordar la vez que te sentiste bloqueado. Si los acontecimientos son amables se vive por un milagro, todo un detalle. Si no encuentras el nombre de algo para que te llene la distancia la llenas tú. No hay lógica real, existe una necesidad de asimilar lo que es nuevo o de rechazarlo. Con la violencia en el extremo de superponer lo que ya se tiene. Violencia no es un término que use quien la practica. Y para quien la sufre no es una noción sino una idea. Sexo es un término aceptado por ser conocido pero sólo inventado por quienes no lo practican. Son nociones que representan unos pocos detalles comunes y fáciles. Palabras que no hablan del acto valoran imágenes para las que no proveerían ni dos palabras. Nombres, expresiones, fórmulas, oraciones, nociones, imágenes. Todo relaciones, conciencia y memoria. Personalmente prefiero pensar sin palabras. No es lo mismo que comunicarse con gestos o dibujar de memoria. Se parece más a recordar con libertad, como soñar despierto. Ir de una parte a otra de la memoria sólo dependiendo de en qué detalles se fija la atención. Un viaje fascinante superior al olvido. Con palabras, pensar lo mismo dos veces de formas distintas pero similares creando constancia. Pensar en escribir y escribir requiere una infinidad de palabras. Pensar en vivir y vivir requiere una infinidad de acciones. No se entiende igual mover una mano sobre una hoja de papel que hacer lo mismo dejando marcas comprensibles. Al contrario que las palabras, las acciones quedan pero son más complicadas de revisar. El detalle es la aplicación. Desear la paz, hacer la guerra. Sus significados son antagónicos, al contrario que la forma de lograrlos. Se dice que la guerra, que también la disputa y la incomprensión, es el preludio del caos y el caos sí es lo contrario de la paz. Los tópicos, otras palabras comunes, también son como la paz y el caos. Nombres para resultados, les falta acción, carecen de experiencia. Su detalle es un punto negro de más de dos páginas de extensión. Sexo es un cartel. Paz es un cartel. Guerra es un cartel. Violencia es un cartel. Vida, otro cartel. Y sus detalles enciclopedias a pie de página. Pienso en una ciudad llena de carteles. Restaurante aquí, Metro, coche, comida, stop o el nombre de alguna multinacional. El mundo en el que hagas lo que hagas haces lo que se te exige, perdido en la inmensidad de la nada un cartel es un refugio que crees que sabes lo que te da. La grandeza de "ciudad" está en su alcantarillado, donde las sensaciones priman sobre los carteles. La verdadera seguridad está en sentir sin abrumarse. Recrear la vida de las personas que caminan sobre carteles es la única noción de vida permitida en la ciudad. Los retales perdidos de la tecnología. Trastos artificiales explicados por su inutilidad y pedazos de homogeneidad que se vuelven detalles con el tiempo. Movimientos definidos que obligan a la transición y con ello a perder tiempo en aras de la economía porque el dinero es tiempo. Las personas, las desconocidas del mundo, van después de todo. Y se joden porque pueden adaptarse. Humanidad, elemento en torno al cual giran todas las ideas de este mundo, es el peor cartel. El más grande de todos los carteles, engloba los pies de página tras un cristal deforme pero bonito. El gran mito simpático que sostiene las filosofías. Y los sentidos, el desconocimiento, el vacío de antes de sentir lo preceden. Amor, amistad, pérdida y otras tantas relaciones que nos atan. Quien no las ha experimentado jamás no puede ver la humanidad, porque haré cosas de las que pienso arrepentirme. Humanidad se adapta, se arrastra tras el conjunto y se esconde del solitario. Hay que experimentarlo para entenderlo igual que hay que caerse para que el culo duela. También me burlo de mí mismo, que soy el personaje de este papel. Mi lugar podría rellenarse con cualquier tópico, mi postura travestirse de sencilla reticencia. Darme un baño de agua fría por las malas, advertirme, mandarme callar o hasta alabarme. Disfrazarme de payaso y oculto tras el traje de color darme otro nombre. Transformarme en mujer, hacerme perezosamente indomable, darme una sonrisa e imponerme unas cuantas quejas. Un encanto inocente y curioso que no llega a desconfiar. Darme unos sueños y un nombre como Celia. O podría permitirme ser mi blanco y negro original. Rehuyo el nombre como nombre, como distinción lo uso y las reglas para jugar a la vida las acato. De ahí me viene que la memoria pueda ser de fiar y se le puedan reconocer jalones. Lo que se repite guarda en sí su inherencia tal como el deseo aguarda al caos. Saltarse la capacidad de producción con favores rompiendo el equilibrio. A conciencia se roba. Resulta un desgaste de recursos y tiempo y el engaño personal. Como con los carteles; si no se aprecia el proceso el vacío que se crea entre las acciones y sus reacciones nos cambia la actitud. De la propia naturaleza se refina el carácter, la actitud se aprende tomando parte en las acciones de otras personas y de ahí sumando otras actitudes. El proceso adecuado, la memoria, saberse las propias respuestas y aplicar a cada noción e idea su término con sustancia. La concisión con que uno se acomoda a las previsiones es la que marca su ritmo. Este personaje quiere vivir del detallísimo.

domingo, 31 de mayo de 2009

El pasillo estaba desierto y oscuro, inmaculado. Uno pensaría que lo habían limpiado a conciencia de cualquier tipo de suciedad, solo quedaba una persona. Caminaba por el centro jugueteando con una llave, la tenía atada a un cordel y la daba vueltas haciéndola silbar. La única sombra que le acompañaba era el sonido de sus tacones y el de la llave. Pasos firmes y prietos. Ejercía aquella presión en el ambiente que nadie podía presenciar. La reverberación sobre el cemento se apagaba de inmediato y entonces había un vacío que hacía que el corazón brincase con el siguiente paso. Tac, tac, tac, tac, tac, uno después del otro, deseando que nunca se parase. El pasillo estaba desierto y oscuro, inmaculado. Uno pensaría que lo habían limpiado a conciencia de cualquier tipo de suciedad, solo quedaba una persona. Como si se deslizase por el centro, apenas rozando el aire, con el cordel de la llave entre los dientes. Avanzaba confiada en sus destrezas, sin dejar sombra ni rastro en aquella profunda oscuridad. Y aún así ejercía aquella presión en el ambiente que nadie podía presenciar. No se oía ni la más leve respiración en tan profundo silencio, la de nadie, tan solo el tic-tac del reloj acercándose. El pasillo estaba desierto y oscuro, inmaculado. Uno pensaría que lo habían limpiado a conciencia de cualquier tipo de suciedad, solo quedaba una persona que lo estaba ensuciando con todo lo que tenía a su alcance. Cuanto más lo manchaba más limpio parecía, también tenía la llave atada al cordel. Avanzaba sin moverse de su lugar, yendo cada vez más lejos pero sin llegar. Y aún así ejercía aquella presión en el ambiente que nadie podía presenciar. La oscuridad ocultaba al oído su respiración, le negaba sus ojos negros. Pronto empezaría a caminar con pasos libres, pero firmes, más allá de aquel pasillo. Porque tenía la llave dentro.

jueves, 30 de abril de 2009

Extrañas vergüencillas

-¿Una sonrisa mordaz?¿Cómo se come? -Con besos húmedos.

miércoles, 22 de abril de 2009

Llenando líneas

Tenía casi cubierta de líneas la hoja de su dibujo. Mientras sus compañeros completaban la hoja dibujando líneas una inmediatamente después de la otra siguiendo las marcas, ella situaba la regla y tiraba la línea sin seguir orden alguno. Marcas cada dos milímetros en la horizontal. Y cuando terminasen les tocaría completar otra hoja de líneas perpendiculares a los bordes. Y después de aquella hoja les esperaban otras tantas con más ejercicios para aprender a usar apropiadamente la escuadra y el cartabón. Cada recta era más absurda que la anterior. Las dibujase en orden o no el absurdo de la tarea empezaba a marearle. El raro entretenimiento del salto de marca veía su fin en una única posibilidad, la penúltima en dos, la anterior en tres. Y si quedaban junto a otras se vestían de orden. Las demás eran una mera cuestión de tiempo. A cada tantas líneas soltaba las reglas y el lapicero y flexionaba los dedos para desentumecerlos. Se estiraba con el respaldo de la silla para relajar los hombros. Y de nuevo a adoptar la postura de tirar líneas. No estaba soñando, no era una pesadilla de la que pudiera despertarse y ya. Escuchaba música con la mente en blanco mientras tiraba líneas. La mecánica de la tarea se le grababa en los músculos. Un ejercicio paulatino, simplificado e inmediato y no necesitaba pensar en el orden en que proceder. Su tarea era la de rellenar el hueco, como todos los demás.

sábado, 18 de abril de 2009

La caballerosidad ha muerto

En uno de mis largos momentos de actividad en la nada he venido a encontrarme un párrafo en un libro que ha despertado mi interés. El párrafo en cuestión es el que sigue, transcrito tal cual, extraído del propio libro. "Antes subia maquinalmente; ahora subia por amabilidad; pero un hombre no debe ser amable: el hombre no debe robar ese secreto á la mujer." En contexto viene referido a un hombre que busca alojamiento en un hotel parisino, tanto para él como para su mujer. Es el segundo intento de encontrar habitaciones en los pisos bajos del hotel, el hombre padece de alguna afección "nerviosa" que yo entiendo como vértigo o algo similar, se ve de nuevo subiendo escaleras hasta un tercer o cuarto piso siguiendo a la dueña del establecimiento. En el primer hotel había soportado la subida de mala manera y había pedido direcciones a ese segundo hotel. En este, tras sufrir por su discreción la vez anterior, se plantea hasta qué punto debería aguantar la escalada sabiendo que allí no iba a encontrar lo que buscaba. Pasado el segundo piso le resultaba más que obvio. Por discreción, también la segunda vez; y por amabilidad accede a llegar hasta la habitación que le ofrecen. Sólo para hacer acto de presencia y pedir direcciones para otro hotel, el tercero que no el último, cuando a medio camino ya sabía que debía haberse negado (cosa que explica y no he tenido a bien copiar). Su mujer, consciente del estado de su marido, le "rescata" una vez ve que su marido ya no es capaz de seguir haciendo de tripas corazón. Se lleva a sí mismo al extremo por amabilidad hacia una desconocida haciéndole depender aún más de la amabilidad de su mujer. Sin embargo no es de ahí de donde dimana mi interés. La caballerosidad se perfila en el hacer, conceder y restringirse por no saber responder a una situación activamente; con la mejor de las intenciones. Ya no es época de sentirse caballero y acoger restricciones imaginadas. A ninguna mujer se le debe una amabilidad que la coharte.

martes, 14 de abril de 2009

La obediencia es para los niños

Creo que no es una de esas cosas que se tienen a diario, de ahí que le esté dando esta importancia. Hoy he tenido una experiencia religiosa, por un motivo oscuro (y para que nadie piense añadiré que no ha acabado con llamas). Hacía tiempo que no pisaba una "casa de dIOS": edificio a rebosar y personaje dando el sermón desde el púlpito. La historia va como sigue, más o menos. El llegar tarde pero menos tarde que la gente que llenaba las hileras de bancos resulta irrelevante, así que me conformo con aclarar de antemano que había mucha gente. Devotos, por así llamarles, luego estaba yo y alguno más habría de la calaña. Estaba de pie al empezar aquello, justo al lado de la puerta, y del mismo modo al terminar. He prestado atención al hombrecillo aquel que encaraba a todo el mundo en la medida en que la incomodidad de estar en pie me ha permitido -esta juventud sin vigor, ya- y a cada minuto que pasaba la sensación que tenía iba volviéndose más extraña. Pensaba que recordaba que todo el sermón y las lecturas tenían su sentido y que por eso la gente "cree", o al menos es el impulso que les mantiene unidos. Se reúnen en la Iglesia a que un personaje de... no sé qué palabra inventar para calificarles, rango no es. Conocimientos tampoco, ni carisma, ni dotados de otra cosa que un traje cutre. Pongamos "cierto estatus", por respetar su aire de importancia y sabiduría -de necios-. Pues estaba yo escuchando el sermón y las lecturas que hacía el espécimen al que me refiero, cura para los ortodoxos, cuando todas las impresiones que aún recordaba han ido desvaneciéndose una a una. Escuchaba cómo los parroquianos hacían su parte murmurando parrafadas y no cejaba en mi asombro por más que lo veía repetirse. Fascina ver a tantas personas murmurar las mismas palabras casi al unísono sin la dirección de nadie. Y escuchando he encontrado que no le encontraba sentido a lo que decían, algo que en su tiempo también yo murmuré alguna vez. Me siento plenamente consciente de nada. Podría intentar comprenderlo como costumbre perdida, como el reflejo de ver lo que yo digo dicho por otras muchas personas a la vez y que parece que le da una textura "realista", o como búsqueda del factor de la elegancia de lo que siempre es igual pero nunca cansa. Lo que me ha llevado a cierta cuestión: ¿Las impresiones expiran por fecha de caducidad o porque acaban siendo insostenibles?

sábado, 4 de abril de 2009

Historias 2: Erasmo en Yetilandia (definitivo)

La miró al volver. -Señorita ¿sabe decir lameculos? - Susurró a su lado, sin levantar la vista del libro. Luego miró al libro de ella. - Y, Uchi, no le digas esas cosas que se va a poner burrote. -Shh - No estaba de humor. -Este libro es un petardo victoriano. Así se lo metiera por el c- -Shhh. - Persistió. Mientras, intentaba seguir la lectura. -Mira esto: "A nuestro Padre, a mi querida mujer y niñas; y a mis alumnos." - Leyó Erasmo en la dedicatoria del libro, preocupándose de que el Yeti no se diera cuenta. - Si también odia a su familia. Recibió un codazo; aunque esta vez Graciela, cuanto menos, sonreía. Se giró para contarle la coña al de detrás. Es que lo había clavado, Don José Manuel lo merecía. -¡Erasmo! Deje ya de interrumpir. Va a seguir la clase desde el pasillo. Se levantó, moviéndose con parsimonia. Oía a sus espaldas cómo más de uno se reía y a alguien hacer comentarios jocosos, "de carpón, chaval, que pardillo". -Con el libro. - Recalcó el profesor. Tuvo que volverse, con las mismas prisas; para acabar encontrándose a Graciela sonriéndole con una expresión de "ya te lo dije" que no acababa de cuajar. Por aquella sonrisilla. -Si en menos de treinta segundos no has salido por esa puerta toda la clase se quedará a recuperar media hora más, ¿me has entendido? - El descontento generalizado se percibió de inmediato. Era la última hora, quedaban diez minutos escasos de clase y no les quedaban fuerzas o ganas para soportar al Yeti ni el tiempo obligatorio. Sobre todo por cuestión de ganas. Erasmo se cambió el libro para lanzar con la zurda, "por la ventana". Nah, no le convencía. Se iba a ir, y al pasar al lado de la papelera lo dejó caer dentro. -Recoja el libro y salga al pasillo ¡ahora mismo! - Veía incrédulo cómo su alumno se iba a ir del aula, impávido, sin hacerle el menor caso. Abría la puerta. - ¡He dicho que recojas mi libro! -Te lo quedas. - Miró con asco a la papelera, "donde debe estar" pensaba; y cerró la puerta tras salir. Don José Manuel resoplaba, no podía creerselo, la cara ardiendo de furia, salió del aula dando un portazo y gritando. Los otros alumnos se quedaron quietos, en sus sitios, mirándose. -¡¿Quién te crees que eres para tirar mi libro delante de un profesor?! - Al poco tiempo los gritos del pasillo se oían lejanos, fundiéndose con el ruido habitual. Y a pesar de eso en la clase aún respiraban un aire tenso. Pero según pasaban los minutos y se acercaba la hora de irse se pusieron a guardar las cosas en las mochilas, una vez sonase el timbre se largarían y no podrían ponerles toneladas de deberes para el fin de semana. Unos minutos más y ni Graciela se preocuparía por haberse ido sin que hubiera regresado el profesor. Ya iban más de diez minutos desde el timbre. Se veía a Erasmo saliendo por la puerta del instituto con las manos en los bolsillos. Buscando con la mirada a sus amigos, que le estaban esperando. -¿Ya estabas haciendo manitas con Graciela? ¿Te querías quedar hasta el lunes o qué? -El Jamu, que estaba dando por culo. - Interrupió. Hablaba fuerte, fastidiado. Al entrar en clase no había encontrado su mochila y nadie sabía quién se la había llevado. Por no mencionar que Don José Manuel le había estado acosando y gritando por lo menos media hora; y que estaba hasta las narices de que le emparejaran con Graciela. -¿El de los gritos a última? -¿Ese qué da? -El Yeti, que no te enteras Paquete. -Chilla como un puto cerdo el... -Hostia, es cierto. - Ni se enteró del insulto. -¿Y para cuánto te echan? -La directora no estaba. La subdirectora tenía hambre y le ha mandado a tomar por culo. - Ninguno caía. Intervino antes de que los demás empezasen con sus chorradas. - Que no me echan, me he librado. - Ahora sí empezó a recibir las palmadas en la espalda y los vítores. -Pues toma, petaculos. - Graciela dejó caer la mochila de Erasmo según pasaba. -¡Eh!, que no te he hecho nada. - Si verse llamado "petaculos" sonaba del todo antinatural, más aún viniendo de Graciela. -Pues dame las gracias pinchamonas. -Niquelada tío, lo ha clavado. - Graciela se giró, riéndose. El que lo había dicho también; y sonreía al sonrojarse. Un tercero se mezcló al ver que la chica ya estaba lejos, apoyándose en Erasmo. -Amos, tío, tíratela en la fiesta o me la tiro yo. - La inminente lluvia de collejas le sacó del centro del grupo. -No os lo había dicho antes pero Graciela antes era un tío. -¿Qué? Pero si parece una tía completamente. - La idea le ofendía. A él sí le llovieron collejas. -Fran, tu madre nos dijo que no te lo contáramos. Lo siento, tu abuela Paca murió ayer. -¡¿Qué?! - La sorpresa le fulminó pero las risas le devolvieron a la realidad. - Gilipollas, en mi familia no hay Pacas. Y es de mal gusto, joder. -Fran, tío. - Intervino Erasmo, apoyándose en su hombro. -¿Eh? - El tono de Amos le había dejado desprevenido. -Nunca has pillado el chiste del gato. -¡Ah, hijo de puta! ¡Sueltame cabrón! ¡Mi cabeza! -Bueno chavales, con esto y un bizcocho... -Te den a ti. - Se le adelantó más de uno. - ¡En el Averno! -No hombre, con esto y un bizcocho... - Pensaba mientras se alejaba. - Ojalá la comida esté lista. Aunque sean judías verdes. Que mierda de día. - Cuando miró hacia atrás vio a sus amigos dispersados, cada uno yendo en su dirección. - Que no sea verdura, por favor.

Drácula

-¡Estás cavando tu propia tumba! Te acabas de burlar de toda una sala de periodistas por no responder con sí o no. Ya te avisé que si no les caías bien a la primera te iban a crucificar, y mira lo que haces ¿Qué intentas ahora? - Le miró fulminantemente. -Adormécete en el constante sinsentido en el que te juegas la piel, y calla.

lunes, 23 de marzo de 2009

Primavera

Sentado, en su habitación, frente a la ventana. Comiendo colines mientras pensaba. Llevándose uno tras otro a la boca mientras su vista se perdía en la profundidad de sus sentimientos. Se llevaba el colín a la boca, lo iba mordiendo, lo masticaba y quedaban sus dedos pegados a sus labios. Luego cogía otro. Hacía sol, unos veinte grados centígrados, casi sin nubes. El sol atravesaba sus cortinas avieso. No había brisa que atravesara su ventana abierta, no había pensamiento que le refrescara; de otro modo. Y la idea de expresarlo en líneas le atormentaba. Paralizado, con los dedos en los labios, masticaba ideas para poder tragarlas con menos daño a su garganta. Acertó a optar por acostarse, mejor, y escuchar otra música que no fuera el piar de los gorriones.

viernes, 13 de marzo de 2009

Miles de noches

Una noche como hoy me suicidaría. No tiene porqué tener sentido, es solo eso. Todo desaparece cuando está ausente, todo se olvida. Apagas la luz y ya está. Los libros sólo contienen líneas acabadas. Si quieres te paras a pensar en lo que has pasado, recapitulas. Las excusas son infinitas, a todo vale una excusa para mantener esas líneas a flote. Pero lo piensas en serio, sin conceder nada, y concluyes que no hay nada terminado. Repasar líneas no te vuelve a llenar de la misma forma. En el fondo sabes que nunca lo hará. Te frustras, la primera vez y puede que alguna más. En adelante deseas que lo desconocido te traiga algún secreto que te mantenga despierto. La esperanza en la incertidumbre que nunca está ni deja de estar. Sobra decir: no existe. Lo imaginas igual que todo lo demás. El mundo de la mente es tan nimio. Avergüenza mencionarlo como algo importante. Esperanzas que no existen, a eso se reduce la mente. A eso y a que la memoria nos engañe con los recuerdos de sensaciones imaginadas. Las importantes son las verdaderas sensaciones, que no se recuerdan de verdad. Y a oscuras; sin luz, sonido o tacto toda sensación es imaginada. Siempre es igual, una y otra vez lo mismo. Supón que también sientes el olvido al no recordar a la mente. Así, apagando la luz te recoges sin ideas, sabes que cualquier anhelo no pasará de ser imaginado y las sensaciones te quedan tan lejos. Me cansé de los anhelos, siempre míos y siempre iguales. Carente de todo contacto, piensas siempre en lo mismo, quieres hallar algún estímulo. Que haya algo de verdad. Una noche como hoy me suicidaría.

sábado, 28 de febrero de 2009

Entrive

Escribe contenido. Vive la trama, la expresa para expresar lo que no escribe. Y cierra el libro.

domingo, 22 de febrero de 2009

No es filosofía

Eres una hoja marchita y te vas a caer. Lo estoy viendo. Y cuando te caigas del árbol que te sostiene planearás; o volarás y llegarás al suelo. No pienses ni por un segundo que pretendo pisarte. Como tú hay miles, cientos de miles. De donde vienes tú, otras tantas más. No te voy a buscar para pisarte. Imagina que eres tan importante que alguien querrá guardarte para su colección. Si tienes suerte y eres bella puede que tengas suerte y te rescaten. Yo, para mí; cuatro, cinco o incluso una pierden valor. Lo preferiría si no os cayeseis, el trabajo que me ahorraría si pudiera subsistir sin vuestras absurdas caídas. Y sin embargo he de agradeceros que os descolgueis de la madre que os parió. Por otra parte, pocas cosas hay más cómodas que una cama de hojas, son de calentitas. Ahora que lo pienso me alegra que os caigais, sobre todo cuando os lleva un fuerte viento y os arranca vuestras patéticas existencias. Cuando os rompen las corrientes vuestra agitación me acuna. Si fuerais como yo que siempre estoy preparado. Proveo para mi vida, me anclo y no me dejo llevar venga el viento que venga. En su día ya preví mi futuro y cuando comprendí lo que era de mí me dejé enganchar. Quiero seguir deseando escapar. Os odio porque sois libres de perecer, envidio que seais inconscientes del dolor que me produce esa libertad. Imagino que pensais que mientras vivís dependeis de cuatro cosas y que hagais lo que hagais nada cambiará, si solo sois hojas. Os odio y os envidio porque no sabeis quien soy ni lo necesitais. Me haceis aborreceros, necesito aborrecer la idea que me sugerís. Antes de estar marchitas gritais alegres "¡mira cómo vuelo!", os oía y me reía; y lo sigo haciendo. Si supierais lo que significa volar no soñaríais con ello. Marchitar, caer y marchitar. Lo mejor es cuando empezais a caer y solo sois unas pocas. Cuando, como yo, os ven y se ríen. Os revolveis solas sin planear y casi pareceis libres. Que triste cuando, luego, todas haceis lo mismo y seguis pensando que un giro acá o allá os hacen diferentes. Yo lo veo y me río. Tantas generaciones y siempre veo lo mismo en vosotras. Naceis iguales, creceis iguales, os marchitais de la misma forma y aún entonces seguís creyendo que en nacer, crecer y marchitaros cada una sois únicas. Venid conmigo un momento. Venid solas o a montones, no me costará demostraros que sois singulares, hasta ahí lo llevais bien. Pero cuando vayais a alcanzar a comprender que no hay nada exclusivo en vosotras será demasiado tarde. Y yo me reiré. Si sois capaces de captar más sol os llamais mejores sin importaros la consecuencia. Si sois capaces de dividir más vientos os decís más fuertes, pero no pensais en la fuerza del viento. Si captais más agua cuando os llueve, si un viento cualquiera os hace silvar mejor, si os toca alguna otra criatura buscais la glorificación con desmedida. Y os pavoneais a la primera oportunidad, "yo soy, yo he, mi", venga lo que venga. Eso no lo envidio, ya lo hice alguna vez. Depués me di cuenta de que el sol no me conoce, al viento lo dominan unas circunstancias que no entiendo, el agua la roba el viento sin respetar cualquier aliento y ya no hablo con nadie porque nadie ha hablado conmigo nunca. Con suerte soy un camino, un segmento de muchas curvas o quizá una suma mal hecha porque no debería ser una suma. También pensé que era una suma porque sumaba, menos mal que me di cuenta. Y con todo no consigo odiaros porque si fuese vosotros os odiaría. Porque me veo como alguien que ya actúa con sus meras palabras y no necesita repetir sus palabras con actos iguales, sabe que no le es posible interactuar de forma exacta con las palabras que ha dicho y su salida es cargar sus actos con la benevolencia de sus intenciones. Procuro hacerlo todo para vosotros que haceis sin procurar nada y que a todo llamais bonito si lo sentís, porque no lo pensáis. Me aburro con vuestro contínuo devenir, que vuestro anclaje con el resto sea tan frágil y tan distante de los demás y sólo cuando os deshaceis os veis como parte de un todo, porque es inevitable. De verdad que me aburro de barreros y estoy harto de pensar que pasaremos nuestros días repitiendo las mismas intenciones. No quiero volar como vosotras para salir de aquí, lo que quiero es descubrir mi libertad y poder advertir mis silencios. Ser consciente con toda la constancia posible de todo lo que ocurre y no dudar de si pertenezco a donde sé que pertenezco. Sé que pertenezco pero el dónde se escapa de mis palabras, pertenezco y no estoy. Asumo que mis facultades nunca darán de sí lo suficiente como para jugar como iguales con mis sueños, hay algo que siempre se pasa por alto y más aún si se piensa que se ha tenido todo en cuenta. También estoy encerrado en la fantasía, por eso le hablo a las hojas.

jueves, 19 de febrero de 2009

Servicio común

-Agente, disculpe ¿Los servicios, sabe dónde están? -Planta baja. -¿Y no hay ascensor? -Ésta estación es antigua. El acceso es bajando esas escaleras. -Mi hijo va en silla de ruedas, no puede bajar ahí. -No se preocupe, esas escaleras son para matarse. -Y el servicio de minusválidos también está abajo. - No dio muestras de que le pareciera gracioso. -Mire la señal usted mismo. -Veo la señal. Pero ¿no hay otro servicio al que pueda ir? -Mire, con que empuje un poco la silla le vale para que se le pase el miedo. -Como policía su deber es - le empujó - mantener la estabilidad en la sociedad.

lunes, 16 de febrero de 2009

Historias 2: Erasmo en Yetilandia [v 3.5]

La miraba al volver. -Señorita ¿sabe decir lameculos? - Le susurró sin levantar la vista del libro, poniendo voz de tonto. Luego miró al libro de ella. - Y, Uchi, no le digas esas cosas que va a ponerse burrote. -Shh -No estaba de humor. -Este libro es un petardo victoriano. Así se lo metiera por el c- -Shhh. - Insistió. Mientras, intentaba seguir la lectura. -Mira eso: "A nuestro Padre, a mi querida mujer y niñas; y a mis alumnos." - Leyó Erasmo en la dedicatoria del libro, preocupándose de que el Yeti no se diera cuenta. - Si también odia a su familia. Recibió un codazo; aunque esta vez Graciela, cuanto menos, sonreía. Se iba a girar para contarle la coña al de detrás. Es que lo había clavado, Don José Manuel lo merecía. -¡Erasmo! Deje ya de interrumpir. Seguirá la clase desde el pasillo. Se levantó, remoloneó. Avanzaba con parsimonia. Oía a sus espaldas cómo más de uno se reía y a alguien hacer comentarios jocosos, "de carpón, chaval, que pardillo". -Con el libro. Tuvo que darse la vuelta. Se volvía con las mismas prisas, para acabar encontrándose a Graciela sonriéndole con una expresión de "ya te lo dije" que no acababa de cuajar. -Si en menos de treinta segundos no has salido por esa puerta toda la clase se quedará a recuperar media hora más, ¿me has entendido? - El descontento generalizado se percibió de inmediato. Era la última hora, quedaban diez minutos escasos de clase y no les quedaban fuerzas o ganas para soportar al Yeti ni el tiempo obligatorio. Erasmo se cambió el libro a la mano izquierda, "por la ventana". Nah, no le convencía, e instintivamente cambió de postura y lo arrojó a la papelera. Hasta nunca. -Recoja el libro y salga al pasillo ¡ahora mismo! - Veía incrédulo cómo su alumno se iba a ir del aula, impávido, sin hacerle el menor caso. Abría la puerta. - ¡He dicho que recojas mi libro! -Te lo quedas. - Miró con asco a la papelera, "donde debe estar" pensaba; y cerró la puerta tras salir. Don José Manuel resoplaba, no podía creerselo, la cara ardiendo de furia, se levantó y salió del aula dando un portazo y gritando. Los otros alumnos se quedaron quietos, en sus sitios, mirándose. - ¡¿Quién te crees que eres para tirar mi libro delante de un profesor?! - Al poco tiempo los gritos del pasillo se oían lejanos, fundiéndose con el ruido habitual. Y a pesar de eso en la clase aún respiraban un aire tenso. Pero según pasaban los minutos y se acercaba la hora de irse se pusieron a guardar las cosas en la mochila, una vez sonase el timbre se largarían y no podrían ponerles toneladas de deberes para el fin de semana. Solo les quedaba la preocupación de que Graciela no se quedara en la clase a esperar al profesor. Ya iban más de diez minutos desde el timbre. Por la puerta del instituto se veía a Erasmo salir con las manos en los bolsillos, mirando hacia donde esperaban sus amigos. -¿Ya estabas haciendo manitas con Graciela? ¿Te querías quedar hasta el lunes o qué? -El Jamu, que estaba dando por culo. - Interrupió. Hablaba fuerte, fastidiado. Al entrar en clase no había encontrado su mochila y nadie sabía quién se la había llevado. Por no mencionar que Don José Manuel le había estado acosando y gritando por lo menos media hora; y que estaba hasta las narices de que le emparejaran con Graciela. -¿El de los gritos a última? -¿Ese qué da? -El Yeti, que no te enteras Paquete. -Chilla como un puto cerdo el -Hostia, es cierto. - Ni se enteró del insulto. -¿Y para cuánto te echan? -La directora no estaba. La subdirectora tenía hambre y le ha mandado a tomar por culo. - Ninguno caía. Intervino antes de que los demás empezasen con sus chorradas. - De ésta me he librado. - Ahora sí empezó a recibir las palmadas en la espalda y los vítores. -Pues toma, petaculos. - Graciela dejó caer la mochila de Erasmo según pasaba. -¡Eh!, que no te he hecho nada. - Si verse llamado "petaculos" sonaba del todo antinatural, más aún viniendo de Graciela. -Pues dame las gracias pinchamonas. -Niquelada tío, lo ha clavado. - Graciela se dio la vuelta riéndose. El que lo había dicho también y sonreía al sonrojarse. Un tercero se mezcló al ver que la chica ya estaba lejos, apoyándose en Erasmo. -Amos, tío, tíratela en la fiesta o me la tiro yo. - La inminente lluvia de collejas le sacó del centro del grupo. -No os lo había dicho antes pero Graciela antes era un tío. -¿Qué? Pero si parece una tía completamente. - La idea le ofendía. A él sí le llovieron collejas. -Fran, tu madre nos dijo que no te lo contáramos. Lo siento, tu abuela Paca murió ayer. -¡¿Qué?! - La sorpresa le fulminó pero las risas le devolvieron a la realidad. - Gilipollas, si mi abuela no se llama Paca. Y es de mal gusto, joder. -Fran, tío. - Intervino Erasmo, poniéndole una mano en el hombro. -¿Eh? - El tono de Amos le había dejado desprevenido. -Nunca has pillado el chiste del gato. -¡Ah, hijo de puta! ¡Suelta cabrón! ¡Mi cabeza! -Bueno chavales, con esto y un bizcocho... -Te den a ti. - Se le adelantó más de uno. - ¡En el Averno! -No hombre, con esto y un bizcocho... - Pensaba mientras se alejaba. - Ojalá la comida esté lista. Aunque sean judías verdes. Que mierda de día. - Cuando miró hacia atrás vio a sus amigos dispersados, cada uno yendo en su dirección.

jueves, 12 de febrero de 2009

El precio del dinero.

-Querré respaldar lo que se respalde por sí mismo. -Entonces ¿el chuletón? Y para beber les sugiero -abrió la carta de vinos para mostrársela. -El peor que tengan. -En esta casa no servimos malos productos. - Le respondió a la señora, bastante afectado. -Ha dicho el peor que tengan. Algo tendrá. -Entendí a la señora, pero entenderá que con un mal vino le sabrá peor la comida. -No te preocupes por mis decisiones y haz caso a tu clienta. -Sí señora, lo siento. Ahora se lo traigo. -Si los tuviese bien puestos nos serviría el mejor vino. Su marido la miró perspicaz y sonrió. -Pues por respaldar entiende medio kilo de carne asada con patatas precongeladas. Mira aquello. -Una copita por aquí. -Susurraba como para sí mismo mientras situaba una copa frente a la otra. Vertió unos meros mililitros en la copa del caballero. -Está bien, gracias. -Como usted mande, caballero. -Llenó las dos copas hasta casi la mitad. -¿Cariño? -Nos alabamos. No vamos a pagar por un cinco tenedores con este servicio. -Ya te dije... -Donde siempre.

viernes, 30 de enero de 2009

De aquí y halló. Gas.

Los exámenes me están matando vivo, valga la redundancia. La incertidumbre de no saber qué as se van a sacar los profesores de la manga al poner las preguntas, qué justificación van a usar para colar una pregunta casi indescifrable en una batería de ítems, que así los llaman. Psicólogos; o cabrones sociópatas rascamuelles y demás calificaciones hematofonéticas, ya sabe usted a qué me refiero. Por falta de inventiva mediocre no será, que estudiando le insuflan a uno conocimientos vaporosos por un tubo. Quiero vacaciones, volver a vivir sin medias incertidumbres y recuperar la capacidad de maldecir con solidez. De hecho con recuperar la solidez de estómago mental y perder la hinchazón me doy con un canto en el cráneo, desde fuera. O yo qué sé, podría decir que con tener tiempo suficiente para asimilar todo lo que veo últimamente -años, jajaja- me daría por satisfecho. Si es que, volviendo a lo de antes, tengo a las neuronas soplando todo el día. No seré tan maleducado de decir por dónde, que estoy a la mesa y entre mis propósitos está el reformarme. No sé si tú -o vosotros- sí pero yo no quiero saber cómo. En la mesa se me mezcla todo, si tengo los libros una cosa y si tengo esto pues otra y al final acabo de metáforas hasta el culo y escribiendo por ende. Sin dotar de sentido a nada por contigüidad de conceptos y solo alguno por continuidad intuitiva. Por cierto, si alguien capta en lo que escribo algo que se me pase que me lo haga notar, a ver si así acorto el proceso de solidificación de ideas -dicho en el sentido en que no lleva la coña implícita. Y hablando de exorcitar pensamientos tengo otro, ya puedo decir aquello de "I'll be driving babe" con toda la intención y respetando todos los sentidos de la frase que yo contemplo -los que no tienen que ver con mi persona ni mis posesiones adquiridas no entran, ya que no puedo tener poder sobre terceras personas sobre las que no tengo poder. Y eso, es pechoso, tanto que cuando le miras la delantera se te acelera el pulso. Y a las mujeres también, no sé cómo pero también. Y no hablemos ya de... Por cierto, de nuevo, "siento" no haber respetado aquello de esperar a acabar los exámenes para evitar contaminar la ecología bloguil -y para recentrarme en el estudio a puñetazos si hiciera falta cada vez que me desvío- y también decorar tanto el "eso, aparca el blog hasta que acabes los exámenes que sino..." o como fuere. Era inevitable, venía ya de tiempo atrás y a ti que tanto te gusta la química, David, no se te pasará por alto que cuando un gas se concentra demasiado en un recipiente que no lo aguanta pueden ocurrir "cosas" -mis conocimientos ya no dan para más.

sábado, 24 de enero de 2009

Conversaciones (Preprincipio: Ideas)

De las conversaciones cortas no se obtiene nada pero en ellas se dice todo rápidamente y de forma directa. De las conversaciones largas no se obtienen declaraciones permanentes sino largas repeticiones de distintos pensamientos, se expresan y se captan con fluidez, una fluidez que varía de días a meses. De las conversaciones rápidas nacen ideas singulares, propias o no, personales, imaginaciones que afianzan sentimientos y sensaciones. Las conversaciones lentas lo dicen todo sin aclarar nada pero dan la seguridad, la entereza de ideas, la solidez a una amistad, se hacen y dicen cosas inútiles, carismáticas y características que no pueden resolverse con un breve resumen. Con el tiempo toda conversación larga queda formada de muchas cortas y toda conversación larga es una de esas cosas inútiles que captan su importancia, porque se repiten.

domingo, 18 de enero de 2009

Diecinueve de Diciembre

Miré a la pantalla del MP3, ya se acababa la novena canción. Eché un vistazo a través de la ventana del tren, por costumbre, a ver si me sonaba el paisaje. Había hecho muchas veces aquel trayecto hasta Madrid; y como reconociendo el lugar por el que paso me hago mejor a la idea de cuánto queda que calculando los minutos. Como mínimo quedaba otra parada antes de llegar a Atocha y justo acabábamos de hacer la antepenúltima. Quedarían poco más de trece minutos. Perdí la mirada al frente para volver a ensañarme con mis pensamientos, más que atender a aquella décima canción. Reaccioné, me di cuenta de que parecía que miraba de forma demasiado insistente al hombre que tenía delante, luego a la mujer que se sentaba a su lado y preferí mirar al pasillo. Volvía a sumergirme en mis cavilaciones, "qué haría si". Si el hombre de delante se hubiera levantado cabreado a recriminarme que miraba demasiado en su dirección me habría dado igual, a algún sitio tenía que mirar. Y sin embargo, por sentirme incomodado, había mirado hacia donde nadie pudiera recriminarme nada. Miré hacia un lado una última vez como por instinto, la curiosidad me puede si veo alguna sombra acercarse, normalmente no es más que eso: unos pies pegados a unas piernas que cargan con un cuerpo que pasa de largo y yo me vuelvo a lo mío. La sombra había como desaparecido y así mi vista volvió a descender, apremiándome a pasar del tema incluso tras sospechar que pudieran ser terroristas. La televisión nos sugiere de cada idea que vaya usted a saber cómo podemos creer en nada a estas alturas. De pronto otra sombra. La busqué, hacia mi derecha, pero al no ver a nadie no persistí. Según el MP3 no habían pasado ni veinte segundos de canción, o escasos treinta y pocos desde que lo mirara la última vez. Mentira, aquella canción había terminado y ya estaba en la siguiente. Algo me rozó el hombro, alguien me daba toquecitos, tardé en sentirlos como una llamada de atención. Cuando, al mirarla, no oí réplica alguna me quité uno de los cascos. - Perdón, ¿si? - Parecía que me indicara algo, yo seguía pensando que me hablaba y no la oía. Dejé los cascos a un lado y procuré prestarle más atención, esperaba a que me hablara. Señalaba sobre un papel, algo que debía mirar, yo estaba demasiado amodorrado como para enterarme de nada. Una hoja con tres firmas de la cual la chica volvía señalar algo con un boli. Aún convencido de que no la oía volví a mirarla, su insistencia me hizo aceptar que era mona. Quiero decir, la chica era guapa, preciosa, de verdad, pero era su mutismo lo que se denotara por sus gestos. De nuevo me convenció para que leyese lo que me mostraba, una hoja de recogida de firmas para la construcción de un centro de enseñanza para discapacitados, mudos, creo recordar. O lo imagino. Me señaló el símbolo de la ONCE en la parte superior de la hoja, junto a otros seis o siete, quizá ocho, que si no recuerdo será porque no me decían nada. Estaba demasiado perdido en aquella situación, sin desearlo realmente y por mera amabilidad me dispuse a firmar. Leí un nombre encima de la casilla sobre la que escribía, al igual que en la anterior; y escribí mi nombre. Lo siguiente el DNI, tal como había supuesto; y la firma al lado. Pero la hoja se quedaba corta solo con esas tres casillas. Quedaba una casilla en la que no había reparado, una para cuantificar la donación. En la última se leía 10€, al igual que en la anterior a esta. En la primera la cantidad era el doble. Calculando servilmente recordé que tenía un billete de diez en el bolsillo, había cogido dinero para comprar unos libros y lo llevaba listo por si llegado el momento fuera necesario pagar algo, para no andar paseando la cartera por la vista de nadie. También tenía uno de cinco y otro de veinte en el otro bolsillo. No había empezado a decidirme cuando ya estaba escribiendo con mala letra; y de nuevo algo me sacó de mi trance. Me había vuelto a dar un toque en el hombro, miré a la chica y la vi besándose los dedos y luego volviendo a tocarme el hombro. Me sonreía, diría que agradecida, con la mirada apagada. En ese momento comprendí que llevaba un rato haciendo aquello de besarse la mano y luego tocarme, como intentando transmitir su agradecimiento. Me sorprendí pensando que el significado que comportaba pudiera entenderse con tal sencillez viniéndole tan extraño el gesto. Saqué el billete sin bajar la mirada del papel y se lo tendí todo junto. Por un instante me pareció ver una sonrisa más radiante, más verdadera. No solo una sonrisa en la cara, mera mueca, sino toda una reacción corporal. De todos modos mantengo que tuvo algo que ver con que se irguiera para irse al depositarme otro de tan terribles besos, en la frente. Había captado el significado de su representación pero mi corazón español me venía con que si no lo daba directamente no valía nada y yo quería ceder ante la idea. Inmediatamente la razón me cambiaba el discurso, atendiendo a motivos pensé que era demasiado arriesgado, estaba haciendo un trabajo no pidiendo favores a nadie. Y esos diez euros no debían valer tal prodigio. La conclusión me llevó a que una cara bonita me había timado, en cierto modo. Ya no era una española muda sino una extranjera que no conocía el idioma y solo podía comunicarse por gestos. Creí notar alguna reacción en ella cuando le hablaba, no se fijaba en mí con la mirada. No sé, no me pareció muda ni por un momento. No tenía aspecto de muda; y no es que haya visto muchos mudos en mi vida pero sí entiendo que hay algo característico en su forma de moverse. Por eso mismo no soy capaz de imaginar a una persona muda, de sordo-muda, que se pueda pasear por un tren sin mirar intermitentemente a todos lados poniendo toda su atención. Sola, por más decir. La segunda chica que apareció recogiendo "firmas" dio peso a mi hipótesis, definitivamente extranjera, mucho más directa y entendía mucho peor mis señas. No sé si debería pesarme reconocer que a aquella segunda chica no le habría donado nada, ni firmado una petición ni... prestado atención. Y no sólo por su actitud demandante. También es que contagiaba un aire distinto, indolente. Incomparables. Nada de la inocencia de la primera chica, de la atención que ponía. Se me ocurrió pensar que la segunda solo pasaba a la repesca, pero lo que no hubiera pescado ya la primera a ella se le iba a escapar seguro. Lo pensaba. Miraba por la ventana, ya estábamos cerca de la penúltima parada. Vi al grupito de chicas con sus folios de firmas volviendo hacia donde estaba yo, no sé cómo pero salí de mis pensamientos justo cuando aparecían por el vagón; y tenía la música suficientemente alta como para no oír ni sus voces, de haberlas tenido, o para oír sus pasos. Mi teoría de que habrían contratado a chicas guapas para aquello se esfumó, también la del voluntariado, no eran precisamente ogretes pero nada en comparación. La chica que se había llevado mi firma me reconoció, no sé de qué me sorprendí exactamente, me saludó sonriente, me devolvió la mirada al pasar delante de mi y se esfumó tras mirar hacia detrás una última vez. Al parase el tren pensé que aquella no era la primera vez que me ocurría algo así, que me pidieran firma y donación para alguna causa de aquel tipo estando en el tren, en ese trayecto. Incluso creo que las fechas concordarían pero no estoy muy seguro de haber donado aquella supuesta vez. Me queda pensar que no me hubieran convencido, creo que algo así no se me olvidaría con facilidad.

viernes, 16 de enero de 2009

La Salamanca

Salamanca de noche. De día es bonita. La plaza, el río aquel, sus edificios viejos, su vida. Su ambiente. De noche lo siente, los muros gruesos absorben los ruidos, dejan pasar a la gente que es libre. La humedad impregnada de pulmones, te arrea un guantazo al asomar fuera del bar y poco a poco te expulsa de sus calles. El reloj da la hora, era la hora; y te vas por el medio de la plaza contra el susurro de uno de los arcos. Es el camino más corto, llegarás tarde. Pero es el camino más corto. Calles, callejuelas y a las aceras por escalón junto al asfalto. Sus ganas de llegar aumentan. El frío sin el calor, sin la calidez de la compañía, es más frío. Tambaleándose imagina las peores cosas y aprieta el paso, ya está más cerca. Llega tarde, no llama por solo dos minutos. Inventa excusas: "había un borracho bailando y gritando a unas chicas y tuve que ir por otro sitio", "me encontré a Sandra y dijo que me iba a acompañar, a y media estuve buscándola pero ya se había ido porque no la encontré, Sandra la que vive en la calle de enfrente, la chica con la que me iba el año pasado, pues esa". Se le pasó poder decir la verdad, sonaba más fácil decir cualquier cosa que decir que había estado bebiendo con sus amigos pero había salido a tiempo. -¡Alex, a que me acompañas! -¿Qué dices? - Quizá no la entendió. -Que está oscuro y no hay nadie. Acompáñame anda, no hago más que oír cosas raras. Un gato casi me ha matado del susto. -Acompáñame tú, vivo en la otra punta. - Tenía tiempo y andaba frío, también le faltaban ganas. -Joo Alejandrito. ¿Me harías un favor? - No respondía, ni respondía al tironearle de la manga. - Que vivo ahí al lado. -Es que tengo prisa, he quedado. -Amargado, así normal que no ligues nada. -Adiós. -Noooo, espera. - Esta vez no libraría su manga tan fácilmente, tenía el brazo. - Lo siento, ¿vale? Es que he bebido un poco y eso. -En serio tengo prisa. - Si no estuviera allí molestando ya habría llegado a su casa, claro que... -Acompáñame a mi casa y te dejo en paz, ¿va?. -"Si tonta no será." - Avanzaba en silencio. - "Pero joder." -¿Dónde vas tu ahora eh? -Una... he quedado con unos colegas, ¿por? -Porque es raro que estés de fiesta. -¿No puedo? - Notó cómo se agarraba más fuerte de su brazo. -¿Que tienes miedo? -No tengo miedo. ¡Vamos, muévete ya! -Te da miedo que no haya luz, reconócelo. ¿Te da miedo no verme? Mira, trae. - Tropezó al subir a la acera. Subió el siguiente escalón un poco mareada. -¿Qué es esto? Y... dónde... es... ¡Eres un guarro! Déjame o -Eh, mira lo que es y mira dónde estoy. - Tragó saliva con sensación rara, un tacto extraño en la mano. Blando; y escurría. Un haz de luz iluminaba el torso de Álex a través de la ventana. -Mañana me lo enseñas que llego tarde. -Ey, espera, por favor. -Tenía que estar en casa ya. -No te puedes ir sin ver esto. Es un momento. Mira por ahí. -No veo nada. Álex, ¿dónde te has metido? - No sólo no sabía dónde estaba. -Mira ahora, mira. -Que jardín más bonito. ¿Esto está cerca de mi casa? -¿No lo sabías? Claro... -No soy un friki como tú. ¿Qué le pasa a la ventana? -A la ventana nada, mírate la mano. -¿Qué es...? - Lo olió. - ¿Qué es? -Pis en un frasco. -Que estoy borracha pero no soy tonta. - De pronto lo veía todo menos al chico. Un jardín precioso, perfecto, acogedor. El cristal por el que lo había visto era un espejo manchado. Manchas marrones, salpicaduras, bajo el cual había más manchas. Por la pared corrían chorreones marrones brillantes que caían a una fuente. - ¿Qué es este sitio? Es acogedor. -Si. Terminado. -¿Qué estabas haciendo? -Una casa. ¿Ves las cejas sobre el suelo? Es la tuya. - Instintivamente se llevó una mano a la frente, a sus cejas perfiladas por las pinzas. -¿Plantabas flores? Y eso es. Parece. Qué es... esto... -¿Te gusta? - Preguntó, redundando en la expresión de ella. -¿Es mi-? - Se miraba incrédula. - ¡Cabeza!

lunes, 12 de enero de 2009

Extracto ficticio I

-Hasta hablando suenas ya como si nos leyeras uno de tus libros. -Es eso que te decía, me he pasado más de un año escribiendo y reescribiendo cada uno. Tú escríbete cien hojas de "mi tío es un puerco servil, mi tío es un puerco servil" espaciadas en muchos días. Las vas escribiendo rápido para acabar pronto y cada tantas páginas revisas las faltas de ortografía y luego que queden las frases alineadas, letras sobre letras y todo eso. Todos tus "mi tío es un puerco servil" perfectos. Ya verás cómo cuando acabes no ves más que políticos por todas partes.

domingo, 11 de enero de 2009

Historias: "El Yeti"

-"¡Eres un mentecato sudoríparo!". Erasmo. Se tiene que levantar de su pupitre para responder. Cuando os nombre os tenéis que poner en pie. Dime, ¿qué quiere decir el autor con esto? -el profesor volvió a levantar su vista del libro- ¡Erasmo Galán, levántate cuando te diga que te levantes!¡Ahora!. Todos sus compañeros le miraron mientras se levantaba, ahora sí, como le había indicado el profesor, sin cometer la torpeza de arrastrar la silla. -Ahora dígame. Póngase recto, no se apoye. Ni en su compañero. Salga a la pizarra, vamos. Rara vez el profesor le dedicaba tanta atención a uno de sus alumnos y bien contentos que estaban ellos con que así fuera. Si no podían rebelarse al menos podían evitarle y lo procuraban con todas sus ganas. El curso anterior habían aprendido a seguirle la corriente al Yeti. Don José Manuel volvió a releer las últimas líneas de su libro mientras esperaba que su alumno le diera una respuesta. Le miró inquisitivo, esperando una respuesta que no llegaba. No fallaba una, nunca le prestaba atención el niñito de papá. -Quiero su respuesta ahora.- estaba apunto de amenazarle cuando le interrumpió. -No entiendo la pregunta, Profesor Don José Manuel. -"¡Eres un mentecato sudoríparo!" ¿Qué quiere decir? -No enti- -¡¿Qué tiene de difícil la pregunta?! Si no estaba atendiendo dígalo, a ninguno nos sorprenderá. Te pondré otro cero en el trabajo de clase y deberes extra para todos. -No es eso, Señor Don Profesor José Manuel.-titubeó. -Profesor o Don José Manuel. Profesor es más corto. ¿Qué pasa ahora? -"Eres un mentecato sudoríparo" -más de uno tuvo que disimular su sonrisa y alguno incluso evitar carcajearse. Por suerte para ellos el profesor había quedado en semejante shock al oír aquello que por un instante había olvidado lo demás. No es que hubiera apreciado la perfecta interpretación del papel que había hecho su alumno, se había sentido insultado.- Es un insulto, no hace falta que tenga sentido. Por eso no entiendo que pregunte. -¿No estaba leyendo? Vaya a por su libro. Más rápido. -Cargaba cada orden con la intensidad de su experiencia, con energía aunque lentamente.- Ahora, lea. -"Pepón cogió a Sarita de la mano para luego ayudarla a bajar del caballo, cogiéndola en brazos y depositándola en el suelo. Al verse en el suelo al fin Sarita puso cara de asco y le dio una bofetada a Pepón tan fuerte que le marcó los dedos. -¡Eres un mentecato sudoríparo! - Pepón, un mozo de cuadras, agachó la cabeza contrari-" -Es suficiente, le dije que releyera lo último. -No merecía la pena discutir. No merecía la pena discutir, no.- Dígale a la clase qué quiere decir el autor. -El autor quiere decir que le gustan mucho sus personajes, -de repente un sudor frío le recorrió la espalda. Miró disimuladamente las pastas del libro que sostenía uno de sus compañeros de la primera fila, como si fuera un niño pequeño que mira bajo la cama con valentía esperando no ver ningún monstruo, pero era demasiado mayor para tener esa suerte. "El Romance de Amanda", autor: José Manuel Ártilla Máñez.- creo. -añadió evitando mirar al profesor, intentando que sonara convincente. -¿Sólo es capaz de ver eso?¿Llevamos más de medio libro leído y no puede decir más del libro que que al autor le gustan sus personajes? Si no me dice algo más concreto le voy a poner un cero. Erasmo hacía como que leía con avidez los últimos párrafos mientras intentaba recordar algo que no le hiciera meter la pata de nuevo, no iba a parar a preguntarse cómo se podía haber salvado de aquella. -Eh... Quiere decir... que le gusta inventar insultos. -Muy bien, tiene un cero. Graciela, salga a la pizarra. Erasmo, a su sitio y preste atención a ver si aprende algo. Erasmo no perdió tiempo en llegar a su sitio para poder sentarse y hacer ruido con la silla cuando Graciela, que se sentaba junto a él, se levantase. En ese instante ambos cruzaron la mirada para echarse la culpa mutuamente. Graciela con cara de burla y Erasmo con cara de querer guerra. -Vamos, no tenemos todo el día. Bien, Graciela, ¿qué quiere decir el autor? La alumna fue a responder al profesor pero este le instó con un gesto a que mirara hacia la clase. Ella se giró sin rechistar aunque no le hiciera gracia. -El autor quiere decir que la chica. -Que Sarita... -Graciela evitó dar cuenta del tono en que le corrigió el profesor. -El autor quiere decir que Sarita aprecia a los hombres por sus músculos y no por su olor. -Ese no es un comentario digno de una señorita, Señorita Graciela. Seguro que su madre no la ha enseñado a hablar así. -Graciela miró al profesor y después al resto de la clase, ya le daba igual lo que dijeran. Y veía a Erasmo riéndose de ella. -El autor hace ver que Sarita, al pertenecer a una escala social más alta que la de Pepón tiene derecho a dar su opinión en cualquier momento. Y que siempre se debe aceptar su palabra como absoluta. -Muy bien, perfecto. Puedes sentarte Graciela. Andrés, sigue leyendo. En pie, vamos.

viernes, 9 de enero de 2009

El efecto de la esperanza

Sonará extraño decir que en los momentos de lucidez cuando estás enfermo, por una gripe sin ir más lejos, es cuando uno puede darse cuenta de esas cosas que nunca alcanza a apreciar tal como son. Procuro pensar a menudo, tanto como mis dudas y mi tiempo me permiten; y sin embargo siempre dependo de los límites que me impongo, me vuelvo demasiado consciente de esos límites. A veces llego al punto de crear unos límites que crean límites, que imponen límites como primera respuesta, incluso antes de empezar a pensar en nada. Por supuesto, esta práctica no me lleva nunca a nada a menos que lo que intente sea analizar. Pero aún así, siguiendo ese modo de pensar se me escapan tantas cosas (en un desliz casi me bebo el azucarero). Pensar así no suele resultar demasiado emocionante; y hablo de pensar para uno mismo, hablando mentalmente para uno mismo y sin llegar a expresar nada que vaya más allá que sonreír sin que nadie se entere. Y con estas cosas acabo perdiendo el hilo de pensamiento inicial. Escribiendo las cosas que se me ocurren también pierdo ese hilo. Releo y recuerdo constantemente lo que quería poner, sigo sin saber cómo lo haré ya que no estoy personalmente familiarizado con la idea que he tenido. Más aún, tengo que pensar en qué palabras escoger si quiero entenderme yo mismo. Malo será si no me entiendo ni yo. Y tengo que resumir y compactar mis pensamientos a sabiendas de que siempre habrá algo que se escape de entre las palabras escritas y de la complicidad con el lector. Con todos esos contras en mente no tengo intención de rendirme, la mayoría son fantasmas o ideas que limitan mis límites, muchos de los cuales se resuelven solos a medida que se avanza. Entonces intentas recordarlos y ya no están, como no están izquierdo, centro y derecho. Los desvaríos febriles desaparecen cuando desaparece la fiebre a pesar de que quede la noción de haberse encontrado con ellos. Yo sé que cuando me desperté anoche a las 00:32 am., sin rastro de fiebre, había salvado el mundo y también sé cómo pero no lo diré si me preguntáis. Por eso, la magia de saber pero no saber, cuando no entraña riesgo, conocer las verdades como parte de las mentiras. Incitar a otros a apreciar lo que uno ve incitando también que ellos te inciten a lo mismo. Probar a no creer tener razón, esperar que alguien sepa acabarte alguna frase tal como lo habrías hecho tú mismo. No pensar que la vida nos llega empaquetada, precintada y solo en un formato de reproducción. Yo sé que olvidaré los delirios, no será lo único que olvide en mis días, igual que alguna vez pensaré que no tengo más salidas que las que se me presentan evidentes; y esto querré obviarlo antes de poder olvidarlo. Quería haber empezado diciendo y no sé cómo decir que las situaciones pasajeras siempre nos acompañan. Hagamos y vayamos, lo que sea. Deben ser tan importantes como todas las demás. Probar a no poner final a las oraciones acabadas. Pensar al contrario de lo que la lógica personal dicta, así se pasan por alto menos cosas, la vida se vuelve más entretenida.

martes, 6 de enero de 2009

Estudiando a René Descartes (1596-1650)

Para mi exámen de Historia de la Psicología me exigen haber estudiado una serie de textos de filósofos, pensadores y psicólogos, a veces todo a la vez, que han pasado a la historia -por no decir que son famosos. Del estudio de esos textos recomiendan hacer una evaluación personal o crítica; o lo que sea, con tal de que al poner en el exámen un fragmento de alguno de los textos te suene lo suficiente como para poder reconocerlo. No recuerdo exactamente la recomendación por parte del profesorado pero me suena que era así. Y en eso estaba yo, esforzándome por entender al Señor Descartes. No puedo transcribir el texto, cosa que me gustaría, ya que al comienzo del libraco pone, cito textualmente: "Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del 'Copyright', bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos." Sin embargo sí me atrevo a decir que de título lleva "El alma humana y el animal máquina [1637]". Un título que debería estar muy pasado de moda. Cabe decir que nunca he tragado con su forma de pensar y que, si me he enterado bien, la idea en torno a la cual se desarrolla el texto que estudiaba no es otra que: '[...] considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden también sobrevenirnos también cuando dormimos, sin que entonces haya ninguno que sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero inmediatamente después advertí que, mientras yo quería pensar así que todo era falso, era preciso necesariamente que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y, reparando en esta verdad: "pienso, luego soy", era tan firme y tan segura que todas las suposiciones más extravagantes de los escépticos no eran capaces de conmoverla, juzgué que podía aceptarla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que buscaba [...]'. Casi parece el fragmento de una historia de terror. Y partiendo de aquí, mi opinión resumida: Gilipolleces cartesianas sobre la "res cogitans", el cuerpo-máquina sin aptitudes racionales y la superioridad de la razón que atiende a la lógica casi divina (cuando la suya es de retrasado) aunque sea equivocada. Mientras los animales actúan por efecto de sus órganos y cuando aciertan en sus acciones no se puede considerar acierto, sino más bien hacer justicia a su predisposición. Sin embargo no es más que otra forma de equivocarse. "Pienso luego existo", ¡JARL! Ya podría haberse leído sus argumentos barbáricos empezando por el final. O le metieran un gancho por la garganta a ver si sangrar como un cerdo le parecía divino. Niños, no intenteis esto solos. No lo hagais sin la supervisión de un tutor formado en la matería. No hagais como yo hasta aquí, esto no ha acabado.

lunes, 5 de enero de 2009

Breve introducción

-Hola juerguero. -Será juerguista. Hola... -Sólo vienes de juerga, ¿no? -Pues hola pensadero. -¿Qué pasa, no has dormido? -Te den. -Entonces ha sido la rubia, jajaja. -El día que te dignes a currar me lo cuentas. -Feliz año. -Feliz año pasado también. -Esta la has pillado.